lunes, 7 de septiembre de 2015

Soy un grano de arena en el desierto

Te digo esta secuencia de palabras:
 Playa, arena, agua.
¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza?
Niños, risas, juegos, bikinis, sandías, flotador…
Al menos esta era mi secuencia de palabras.
Sin darnos cuenta, en poco tiempo; en demasiado poco tiempo esta secuencia ha cambiado a:
Dolor, muerte, guerra, infanticidio, sufrimiento…
¿Qué ha pasado en tan poco tiempo para este cambio?
Continuamente estamos siendo bombardeados con imágenes de gente muerta en las playas, gente que huía de sus países en busca de una vida, de un techo, de un trabajo; ahora esto se está agravando hasta límites insospechados, la imagen del infante en la playa muerto, está en todos los lugares donde miremos.
Nuestra mente evade esas y otras imágenes, llegando a un punto donde nos anestesiamos del dolor ajeno.
¿Hasta cuándo el silencio político, hasta cuándo seremos meros números o daños colaterales?
Asumimos todo en una especie de narcosis colectiva marcada por la impotencia, sin palabras, sin saber que decir ni hacer.
Creemos que no podemos hacer nada y olvidamos que cada persona es poderosa; que cada cual puede ser solo un mero grano de arena del desierto; sin embargo este grano en los ojos del alguien molesta mucho, hasta el punto de dejarle ciego y varado. Así pues muchos granos diminutos de arena pueden formar dunas infranqueables, dunas poderosas imposibles de derribar.
La violencia no necesita más violencia, la violencia necesita un amor inamovible que impida la acometida de las injusticias. Necesitamos ser pequeños granos del desierto, pequeños y diminutos sin poder ni violencia, pero que juntos podemos abatir ejércitos  enteros.

Autora: Rosa Francés Cardona (Izha)
http://herboristeriaherbasana.es/

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