Mi alma de primavera

Esta obra ha sido elegida en el Concurso de relatos"Historias de primavera o verano" y forma parte de la antología que lleva el mismo nombre.
Para esta ocasión se han presentado 1.032 relatos y han sido seleccionados 221 para ser publicados. Este es uno de los publicados.
MI ALMA DE PRIMAVERA
Aquí desde mi ventana veo los almendros en flor.
¡Al fin llegó la primavera! No puedo evitar emocionarme, es un espectáculo digno de dioses.
El almendro, cubierto por una cúpula de flores blancas,  simboliza el amor de la primera juventud.
Mis pensamientos pasan de un pétalo a un amor; de un estambre, a su risa; de un filamento, a su nombre…
Un perfume denso y dulzón invade mis papilas olfativas y me traslada a aquella primavera donde conocí a mi verdadero amor.
Solo teníamos 6 años, corríamos entre los almendros jugando al tiempo que las flores se deshojaban a nuestro paso cual nieve de flores al caer.
Reíamos juntos de la mano rodando y cantando mientras nevaban pétalos de flores perfumadas por doquier.
Hoy desde la distancia veo una imagen que me recuerda a una ninfa griega del bosque jugando junto al bello Apolo.
Con  coronas de flores nos prometimos amor eterno y lo aceptaba como mi alma gemela y único amor y él afirmaba que así sería por el resto de la eternidad.
¡Qué equivocados estábamos!
Mi vista sigue perdida en los almendros en flor, extasiada me parece verme entre ellos.
En el porche, te espero en vano.
A la llegada de la noche mama me hace entrar a mí pesar. Creo que es la primera vez que lloro de verdad, en silencio en mi habitación, sin comprender.
Al día siguiente vuelvo a sentarme a esperar, los minutos son horas; hasta que… al final del camino veo  una silueta difuminada, que se agranda y… ¡no eres tú!
¿Su padre? Mi alegría da paso a la extrañeza; mamá también se acerca, ambos arrodillados me hablan y no entiendo.
Me asusto, de sus ojos tristes resbalan lágrimas, él; está enfermo: cáncer; no sé que es, pero me asusta.
Posiblemente no volveremos a jugar; estaba muy malito desde hace tiempo y llega el final.
A regañadientes me dejan ir al hospital.
Allí solos, le regalo una corona de flores de almendro y esparzo miles de pétalos al aire, mientras río, por primera vez de mentira, le cojo la mano, cobijada y acurrucada a su lado; me atrevo a dar mí primer, mí más hermoso y sincero beso; lentamente, sonriendo y en silencio te vas de mi lado; abrazados hasta la eternidad, nuestras almas se diluyen.
¡Adiós primavera!
El tiempo se ha detenido en el alféizar de mi ventana como cada primavera.
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición.

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