Premonición 11;11

Como cada día comenzó mi jornada laboral como cajera.
En realidad me encantaba mi trabajo; me encantaba conversar con las señoras mayores que nunca tienen prisa y conocer gente qué de otra manera nunca en la vida conocería.
La verdad es que a mediodía apenas había gente, así que me alegré cuando se acercó aquel apuesto muchacho a la caja, sin prisa puso toda su compra sobre la cinta y le ayude a colocarlo en las bolsas.
Sin dejar de mirarme con sus grandes ojos azules me preguntó cuánto me debía con un acento extraño y de un país inespecífico. Seguidamente abrió su chaqueta y dirigió su mano derecha hacia el pecho, sin dejar de mirarme y sonreír saco una pistola y...
No me dio tiempo a pensar ni a reaccionar, sólo voltee ligeramente la cara como sacudida por un gran bofetón.
¡Y pummmmmmm!!!!!!!
A bocajarro en la mejilla.
-Señorita, señorita me puede decir qué le debo?
-¿Eh?
Alcance a murmurar saliendo de aquella no sé si visión, revelación o pesadilla.
-Disculpe son 11; 11€
Alcance a balbucear sin dejar de mirarle atónita ante su acento extraño.
De nuevo abrió su chaqueta, dirigió su mano derecha hacia el pecho y... ante mi mirada aterrorizada saco su cartera y pago.
No sin antes dirigirme una mirada penetrante y fría adornada por una media sonrisa enigmática.
Durante toda la jornada apenas pude reaccionar, un dolor atenazante en la mejilla no me dejó olvidar lo ocurrido.
Nunca antes había pasado por algo similar.
No volví a ver a aquel chico; sin embargo durante muchos meses cada vez que cerraba los ojos me venía a la mente aquella visión angustiosa y despertaba afligida y con la mejilla dolorida.
En cuando pude abandone ese trabajo, pues se convirtió en mi eterna pesadilla.
Aunque no me atreví a contar los verdaderos motivos a nadie, pues parecía una locura, incluso yo llegue a pensar que se me había ido la cabeza.
Un año después un 11 de noviembre un hombre armado entró en el súper y voló la cabeza a la cajera.
Nada se pudo hacer por la chica, sólo había una caja de poco más de 100€.
11 de noviembre, el total de su compra fue 11;11, no pude olvidar nunca esa cifra, es más la veía por doquier, cada vez que miraba el reloj (11;11), cada vez que consultaba mis mensajes (11), miraba una matrícula (…11).
¿Casualidad?
Nunca más he vuelto a tener otra experiencia similar, pero sin lugar a dudas si me volviese a pasar no dudaría en hacer caso a mi premoción.
Autora: Rosa Francés (Izha)
Regente de: Herboristería Herbasana Canals Valencia
http://herboristeriaherbasana.es/
Colaboradora en: http://www.enbuenasmanos.com


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