miércoles, 22 de julio de 2015

Yoga a la luz de la luna

Después de hacer yoga en la terraza de casa, al abrigo de mi buena amiga de Selene y abrazada por la música y mantras; una vez en postura fácil y con las gotas de sudor cayendo suavemente por la frente, la espalda y el pecho. En este momento de recogimiento y meditación, percibes como  resbalan una a una, cada gota de sudor, como se eriza tu piel al roce de la primera brisa fresca y como Selene no deja de observarte.
Ese preciso instante en que desaparece la tierra bajo tus pies, y el cielo se desploma sobre tus hombros. Ese preciso instante donde tu mente se siente a salvo y sin preocupaciones, donde el apego se pierde y es, en ese segundo de meditación donde toda la demencia humana se desintegra por completo; donde por una milésima de segundo; dejas la dualidad del ser, para perderte en la unidad del Ser; donde la conciencia abandona el cuerpo, para “flotar” con todas las consciencias.
 Y es en ese instante mágico y/o místico donde se abandona por completo la sensación de culpa y separación; donde formas parte de un lienzo cuidadosamente tejido y en la que cada filamento ejerce la fuerza exacta para ser irreemplazable y sabes que sin él, el Cosmos sería un completo caos.
Es esa milésima de segundo cuando se pierde la noción espacio tiempo y bien podrían pasar ante ti horas y seguirías en el mismo instante. Instante donde abandonas la demencia del mundo material y aprecias la lucidez del ser.
Hay días en los que los humanos tenemos un atisbo de lucidez que llega a nosotr@s y nos ilumina como un rayo de luz y en los que dejan de existir las preguntas, el dolor, la culpa, el abandono...

Donde por unas milésimas de segundos dejas de ser esa gota de agua en un océano, para ser Océano.

AUTORA: Rosa Francés Cardona (Izha)
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición
Regente de la Herboristería Herbasana de Canals Valencia
Colaboradora en: buenasmanos.com

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