lunes, 7 de octubre de 2013

La taza de té y las 7 potencias

Todo iba últimamente de mal en peor.
¡No aguantaba en el trabajo, 10 horas diarias y encima con malos modos! En casa todo parecía ir mal, mi esposo estaba ausente y las pocas veces que aterrizaba era para murmurar y regañar entre dientes.
Lo peor es que nadie de casa me pregunto, nadie se intereso por el cambio de actitud; más bien creo que pasaron, les era más cómoda esa situación.
En el trabajo pronto tuvo consecuencias ese cansancio, tantas horas de trabajo, por el sueldo mínimo y en punto tuvieron que renovarme el contrato, pues… ¡A la calle! Era más barato un/a aprendiz.
En casa fue un poema, la culpa de irme a la calle era mía ¡Faltaba más! Ellos no tenían nada que ver, ni su falta de apoyo, ni su falta de cooperación.
Ya no sabía qué hacer, todo era un muro para mí, un muro inalcanzable, todo suponía un esfuerzo, un esfuerzo tremendo.
Así pues, ya no tenía ganas de salir de casa, de mirarme al espejo, de pasear, de…de nada.
Ese día aún no sé porque cambie mi rutina (cosa muy rara en mí) y salí a pasear, todo retumbaba a mi alrededor, el ruido de la calle me resultaba ensordecedor, la gente hablando me resultaba irritante, el sol me molestaba, me parecía que todos me miraban con aire hostil e incluso amenazador; cada vez más, tenía ganas de llorar, de encerrarme en casa, en mi habitación y huir del mundo entero.
De pronto vi una tiendecita medio escondida con ángeles en su escaparate, con libros “raros” y piedras de hermosos colores, me detuve en su escaparate y mire y mire; no se cuanto tiempo, hasta que volví a casa.
Un día más, me fui llorando a la cama, sin saber qué hacer y en todo momento pensaba en el escaparate de esa tiendecita, que tanto me llamo la atención.
Al día siguiente volví por aquel camino de nuevo y volví a pararme de nuevo; al final me decidí a entrar, sin saber muy bien que quería, ni que decir.
Supongo que debió de llamarle la atención mi aspecto descuidado y mi pelo grasiento; aunque la mujer que allí se encontraba no pareció importarle y me recibió de forma muy amable.
Sin darme cuenta me puse a contarle mi historia: que me acababan de despedir, que me sentía una inútil, que no encontraba salida.
En fin, empecé a llorar sin consuelo, la pobre mujer me entro dentro de su despacho y me sirvió un té, sin prisas y con una pequeña sonrisa.
Me tome el té en medio de múltiples disculpas, pues la pobre no me conocía de nada y le dije que solo llevaba 1€, si podía darme un amuleto o algo que me ayudase por ese precio.
Me sonrió y miro mi taza de té y me dijo:
-Veo que pronto encontraras trabajo, tal vez no el ideal, pero no decaigas y en casa poco a poco las cosas mejoraran, aunque tienes que hacerte valer y pedir ayuda, tú sola no puedes llegar a todo.
Se levantó decidida y me dio un velón de 7 potencias y me explico cómo utilizarlo.
Agradecida lo cogí, al mirarlo me quede estupefacta, yo solo tenía un euro y valía unos cuantos más; así que tímidamente se lo devolví dándole las gracias y pidiéndole perdón por molestarla tanto.
-Para nada, este es tú velón llévatelo y utilízalo como te acabo de explicar y en el momento que tengas el trabajo vuelve.
Parecía muy segura, aunque yo no tanto; seguí sus instrucciones y al poco tiempo me surgió un pequeño trabajo; no sé si fue el velón, fue la casualidad o fue el ver que alguien confiaba en mí y ello me estimulo, pero encontré un pequeño trabajo.
Aunque le prometí volver, nunca encontraba el día. Al fin 6 meses después un poco avergonzada aparecí a darle las gracias y a pagarle. Pues no me la quitaba de la cabeza.
Al verme no me reconoció (mi aspecto había cambiado y ya no era descuidado) aunque cuando le conté la historia y le indiqué que venía a pagarle como le había prometido y a darle las gracias.
-A mí no me debes nada, te lo di porque quise y lo necesitabas; ahora lo que debes de hacer es cuando sepas de alguien que lo necesite como tú es regalarle uno como hice yo; no es preciso hoy, ni mañana, tú sabrás cuando puedes devolverle a alguien el favor.
Así que me fui sin nada, aunque sorprendida y tranquila; 5 semanas después tendría la oportunidad de agradecérselo devolviendo el favor a otra persona.
Nunca pensé que una extraña sin más me tendiera un cable en un momento de necesidad; me ofreció confianza cuando nadie confiaba en mí; me dio un presente sin conocerme, sin saber si volvería.
Mi vida sigue siendo difícil, pero sigo adelante, trabajo mucho, aunque también he aprendido a valorarme, a amarme; tal vez no fue el amuleto, pero si fue la confianza que depositaron en mí lo que me ayudo a tirar hacia adelante.

Agradezco aquella taza de té que abrió un universo nuevo en mi vida y a aquella mujer que hoy considero mi amiga.

Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición.
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