viernes, 18 de octubre de 2013

Las almas se reconocen

Esta semana mi hijo llegó a casa con un trabajo sobre sus abuelos y empecé a contarles su historia; aunque a mitad de ella me entristecí, pues me di cuenta que no recordaba su cara, su voz, su pelo…
¿Cómo se puede desdibujar  una  imagen, una sonrisa…?
¿Cómo se puede diluir el sonido de una voz, de una risa…?
¿Cómo puede suceder, si él  era el más importante de mi vida?
Solo conservo retazos de historias, que ya no sé si son reales o producto de la imaginación de una niña.
Y esto me entristece.
Cierro los ojos fuertemente y no veo su cara; estoy en silencio escuchando y no oigo su voz.
Y esto me entristece más.
Vuelvo con mi hijo  a los lugares donde vivimos juntos, donde corrimos y le cuento historias de sus abuelos; aunque sigo sin recordar su cara; los paisajes han cambiado tanto que no los reconozco; mi casa esta habitada por otras personas, por otras familias, por otras vidas, por otras historias.
Busco sus fotos e intento memorizar su rostro; intento recordarlo; busco en mi memoria; escudriño mi mente buscando pequeños retazos de mi historia; me perturba no poder recuperarlos, olvidarlos, perderlos en la nada.

Recuerdo la tristeza que dejaste en mi, en una niña que no comprendía.
Temía crecer, temía que tú no me conocieses cuando me volvieses a ver y ese miedo, dio paso a rabia y tal vez odio; no podía comprender porque nos dejaste, porque cambiaste nuestra vida.
Hoy miro  atrás y veo a una niña asustada, obligada a crecer antes de hora, a asumir responsabilidades no acordes con su edad, a cambiar su vida.
Hoy me doy cuenta que esto forjo nuestro carácter, un carácter fuerte y luchador, un carácter de supervivencia, de adaptación a las circunstancias.
Hoy dejo atrás mis miedos y pese a que nosotros crecimos, pese a que tu rostro, tu risa y tu voz se desvanezcan en el tiempo; sé que las almas no tienen edad, las almas se recuerdan y se reconocen, sé que un día volverás a tomarnos de la mano y a pasear todos juntos, sé que volveré a fundirme en tus brazos muy fuertemente y te podré abrazar de nuevo.
Nuestras almas se volverán a juntar

Y esta historia es la que le transmito a mi hijo: no la muerte, no el  dolor; sino la historia de esperanza y de almas afines que se esperan y se aman.


Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición.

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