jueves, 26 de septiembre de 2013

Pasar página

Anoche viniste a mí una vez más y me contaste tu historia:

Eras muy joven y no hacia tanto que habías muerto.

Eras el “rey” del grupo, el líder, el cabecilla, el más grande; todos te vitoreaban, te jaleaban y te reían las gracias; viviste a lo grande y te fuiste a lo grande.

Hoy miras a tod@s est@s que, en el día que te decían adiós; lloraban, se golpeaban el pecho y decían que siempre estarías en su memoria; los miras y ves que apenas eres un recuerdo, que siguen sus vidas, que apenas te mencionan y se emocionan al recordarte. Otro “rey” ocupa tu lugar, otro que cometerá tus mismos errores.
Luego miras a tus familiares y a ese puñado de personas que te quería realmente, esas personas a las que hiciste caso omiso, a las que ignoraste, a las que hiciste sufrir, de las que a veces te burlaste cuando te daban consejos, a los que realmente acudías cuando tenías un problema y una y otra vez te ayudaban con la esperanza de verte cambiar, de ver cómo te hacías un hombre.
Los miras y ves como en poco tiempo han envejecido, siguen tristes, piensan en ti; desde luego su vida (igual que la de todos) sigue; sin embargo, aún, cuando miran una foto tuya, entran en la que un día fue tu habitación o ven un objeto que simplemente les recuerda a ti, en ese momento sus lágrimas desbordan sus ojos, no pueden dejar de fluir, ni pueden dejar de pensar en ti. Tu recuerdo resuena en sus cabezas como un martilleo constante. Se preguntan que hicieron mal, que podría haber sido y no fue, como podrían haber actuado, en que fallaron, porque tú y no ellos…
¿Cómo fuiste tan tonto, tan egoísta, tan estúpido? Te preguntas una y otra vez.
¡Cuánto dolor has causado! ¡Tú, que vivías a tope, que te creías el dueño del mundo! Hoy ves que solo eras un peón al servicio de otros.
Y lo que es peor ves que no hay vuelta atrás, que no puedes consolar a quien te quería y  quien realmente sabía que detrás de esa dura fachada estabas tú; un niño asustado, una persona con sentimientos, alguien que aún no había descubierto su potencial, su valía.
Ahora, aunque tarde, descubres quien realmente te quiso, donde erraste. Pero también descubres que no puedes recuperar el tiempo perdido, reparar el daño que hiciste, reclamar por el que te hicieron.
¡Pero casi, ya no importa! Solo tienes necesidad de enviarles un mensaje de amor y de gratitud a los que te amaron; la rabia y angustia han desaparecido; has perdonado; te sientes en paz. 
Y a los demás solo deseas enviarles tu sensación de paz y deseos de que algún día encaminen su vida y no la malgasten como tú.
Ahora sabes que serás feliz y que has encontrado la paz.
No me dijiste tú nombre, ni para quien era el mensaje;  aunque cuando empecé  a escribirlo, poco a poco empezaste a diluirte en mis sueños, presentándote cada vez más sereno, menos angustiado. 
Solo dijiste que alguien necesitaba oír tus palabras, descansar y pasar página; el pasado, solo es eso; pasado. Que cuando leyese el mensaje el/a destiantari@ lo entendería.

1 comentario:

Fita Santana dijo...

QUE BELLO ,CUANTA VERDAD,MUCHISIMAS GRACIAS.