miércoles, 17 de julio de 2013

BESOS DE COLORES


Estaba en la cama cuando sonó el teléfono. Sorprendida conteste:
_ Hello?
_ ¿Susana, eres tú?
_ ¿Tía? ¿Pasa algo?
Atine a contestar sorprendida, pues no era normal que llamara a esa horas.

_Susana, perdona, nunca me acuerdo de la diferencia de hora ¿Estabas dormida?
_ No importa tía, dime ¿Qué ocurre?
_ La abuela esta muriéndose y no para de decir que desea verte, que quiere hablar contigo, antes de morir.

Me quede sin habla, hacía mucho que no pensaba en ella, desde que murió mama, no había vuelto a verla, ni hablar con ella.

_ ¿Susana, Susana? Cariño, sé que es duro, pero vente, haz eso por tu madre.
_ ¡Tía, lo tendré que pensar! Luego te llamo.

Me levante, pues ya me era imposible dormir y vinieron a mi mente mil recuerdos olvidados.
La abuela Carmen;  recuerdo mis veranos en España, deseaba que llegara Junio para poder pasar casi 3 meses en el pueblo, junto a mí abuela y demás familia. La abuela siempre fue cariñosa conmigo, aunque la relación con mama siempre fue tirante, un buen día mama se peleo con la abuela y nunca hicieron las paces, incluso después del accidente que le arrebato la vida a mi madre (su hija) la abuela no vino, ni llamo nunca ¿Ahora qué es lo que querría? ¡No, no iría! lo sentía por la tía, la única hermana de mi madre, pues nunca perdí la relación con ella, llamaba y siempre me daba recuerdos de la abuela, recuerdos que se que se inventaba ¡No, no iría!
Más tarde llame a la tía para comunicarle mi decisión: Aunque al oír su voz quebrada por el dolor, recordé que ella fue mi único apoyo cuando lo de mi madre; ella que nunca había salido del pueblo, cogió el primer vuelo y no se separo de su hermana hasta que falleció, ella que me ofreció su casa para vivir, para lo que deseara, aunque yo ya tenía una vida en  el pueblo de Durham, situado en el estado de Carolina del norte; ahora ella es la que estaba sola, pues su único hijo murió de leucemia siendo aún niños, ahora ella es la que me necesitaba. Así que mi no inicial se torno en:

_ Tía, salgo en el próximo vuelo, ya te llamo, cuando llegue  a España.

El vuelo me dio tiempo a aclarar un poco las ideas, tenía tiempo hasta la entrada del curso escolar en septiembre, así que no tenía billete de vuelta.
Nada más llegar la vi, esperando, con más canas y más envejecida de lo que esperaba, pero sus ojos eran tan hermosos como los recordaba, igual que los de mi madre, azules verdosos; para nada se parecían a los míos marrones normalitos.
De camino a casa me puso al corriente;  a la abuela le había dado una embolia y aunque había perdido la movilidad y le costaba hablar, tenía su mente muy clara y se daba cuenta que este golpe junto a su edad, era algo que probablemente no superaría; no cesaba de pedir que me llamaran y que quisiera verme antes de morir.
Cuando llegue a su habitación, entre despacio, casi sin atinar a hablar, no sabía que iba a encontrar, ya hacía más de 6 años que no la veía. Yo le guardaba mucho rencor en mi corazón y no sabía si podría disimularlo, mil veces soñé que la que se moría era ella, en vez de mi madre y mil veces desperté llorando al tropezarme con mi realidad.

_ ¡Hola, abuela!
_ ¡Susana, Susana! ¡Dame un beso! Estás preciosa.

No pude moverme de la puerta, no era la abuela que recordaba: fuerte, con carácter, temperamento, enérgica, y son talante… era una anciana  desvalida, en un sillón y arropada con una mantilla blanca que solo hacía que destacar aún más su cara pálida y demacrada.

Había pensado entrar y decirle todo lo que mi corazón albergaba, descargar mi odio y soledad de todos estos años, pero no fui capaz, mi rabia se calmo y atine a decir:

_ ¿Cómo estás?
_ ¡Bien, bien! Pasa y siéntate a mi lado ¿has descansado?

Asentí con la cabeza y me senté a su lado, en la mesa las dos mirándonos sin palabras y con los ojos vidriosos. Con la cabeza me señalo una caja de puros adornada con conchas de mar y la cogí, al abrirla vi dentro de ella varías piedras de cuarzo de diferentes colores, rosa, rojo, amatistas…

_ Ese joyero me lo hizo tu mama con solo 3 años con las conchas que recogimos un día que pudimos ir a la playa y es mi mayor tesoro. ¿Sabes que son esas piedras?
No, no abuela; aunque he hecho un largo viaje y no entiendo nada.
_ ¡Lo sé, lo sé! Susana, deja hablar a una pobre vieja y luego si quieres marcharte lo entenderé.

Asentí con la cabeza y me senté a su lado a tomar una taza de café que la tía me había preparado, pues intuía que la conversación  sería larga.

- Tu mama fue siempre muy independiente y fuerte, yo siempre la quise mucho, aunque al final le falle. Cuando era una niña imagine un juego para nosotras 2, cuando se acostaba y le daba el beso de buenas noches siempre le decía que la queríamos mucho y cuando se iba de campamento o se quedaba en casa de alguna tía, ese beso que ella me enviaba a través de las estrellas, se convertía en una pequeña joya de colores y cuando volvía a casa lo primero que hacía era abrir nuestra caja de los deseos y ver si los besos y abrazos de buenas noches se habían convertido en una joya de color. Ese fue nuestro pequeño juego, hasta que el abuelo enfermo y yo pase mucho tiempo de hospital en hospital y me olvide de aquellos besos y abrazos y de decirle que la quería, ella abría su caja de deseos y no encontraba nada nuevo. Sé que no es escusa, pero la desilusione, olvide decir  a mis hijas que las quería, me volví dura, terca… y fui apartándola de mí. Para ella fue una liberación irse a estudiar fuera y cuando pudo ya nunca más volvió, nada más que en vacaciones y creo que volvía por su hermana y porque tu insistías mucho; supongo que debería de haberle dicho que la quería en vez de reprocharle cada viaje lo lejos que estaba, lo mal que se portaba conmigo y la carga que dejaba a su hermana, eso fue alejándonos más y más y yo seguía siendo terca y orgullosa y por orgullo nunca más le dije lo que la quería, que hubiese dado mi vida por ella, que ojala hubiese muerto yo, pero…¿con que cara iba yo a presentarme a tu lado si no nos hablábamos? Sé que debería de haber ido y que actué mal, pronto podre pedirle perdón a ella, pero necesito que tú sepas que la quería y que te quiero; que no merezco tú perdón, pero necesito decirte todo lo que no hice bien, aunque sea tarde para enmendar, tal vez tú aprendas de mis errores y nunca dejes que se te escape lo que más quieres sin decirle que lo amas.

Yo no podía pensar, ni hablar; las lágrimas recorrían mis mejillas ¡cuánto hubiera dado por que estuviese mama! Me era duro ver a  mi abuela tan débil ¡ella antaño tan fuerte! parecía otra persona, la vida se le escapaba por momentos y yo no sabía que decir.
Por suerte la tía entro y me salvo de tan incómodo momento.

_ ¡Susana cariño es hora de descansar! Mañana será otro día.

Sobre la madrugada me despertaron.

¡Susana, llego el momento, está muy mal! Si no quieres entrar, tranquila, lo entiendo.

Me quede en el quicio de la puerta, mirando a aquella figura pálida, delgada y casi sin vida. La tía le acariciaba su blanco cabello y su pálida piel, que parecía volverse transparente por momentos. Al final me decidí a entrar y le cogí la mano, quiero pensar que abrió los ojos y me sonrió y al momento sin grandes extremos dejo de respirar, se fue poco a poco sin sufrir.
Cerca en la mesilla tenía la caja de los deseos y la tía me la dio.

_ ¡Es tuya! mama no hablaba de otra cosa, decía que eran besos de tu mama, para ti.

Me abrace a la caja y me puse a llorar sin parar.
Una vez en el tanatorio saque las 2 piedras más hermosas que encontré (una amatista y un cuarzo rosa) y lo puse sobre las mejillas de mi abuela;  la tía me rodeo con su brazo y  me dijo:

_ ¡Cariño, gracias, gracias por todo! No lo hubiera podido aguantar sin tenerte a mi lado ¡estoy tan sola! ¡Todos se fueron ya! ¡Mama, papa, tu madre, mi hijo, mi esposo…! ¿Para qué seguir luchando?

Nunca la había visto derrotada, cuando pasó lo de mama, se ocupo de todo y no se fue hasta que me vio bien y ahora… ¿Qué podía hacer yo?

_ ¡Tía, estoy yo! Siempre me tendrás.

Comprendí que tal vez había llegado el momento de volver a mis raíces, de emprender una nueva vida junto a alguien que me necesitaba tanto como yo a ella. En aquel pequeño pueblo de Carolina el Norte donde viva, solo estaba mi trabajo, mi pequeño trabajo de maestra y que adoraba, pero estaba segura que con mi CV encontraría pronto algo. Ese mismo verano busque trabajo en colegios privados y en pocos meses lo encontré en un colegio inglés.

Comencé una nueva vida, en casa de mi abuela junto a mi tía; mi otra madre y en un lugar de honor esta la caja de los deseos de mama y la abuela
¡Guardare por siempre sus besos y abrazos! Y cuando tenga hijos les contare su historia y en ella guardare los suyos.

¡Gracias abuela! quiero pensar que estas con mama en el cielo y que al fin pusisteis fin a vuestras diferencias y le dijiste cuando la amabas.
Gracias por darme de nuevo una familia, gracias por darme un lugar que ocupar, un lugar donde soy querida y quiero.

¡Gracias y besos de colores!




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