martes, 31 de enero de 2017

Alma de zíngara

Allí estaba una vez más leyendo las cartas en la feria medieval de un pueblo cualquiera; la verdad es que cambian los pueblos, las ciudades, las provincias; pero no las personas; las personas son las mismas en todas partes.
Chicas buscando al amor de su vida, señoras preocupadas por si sus hijos encontrarán trabajo, hombres que preguntan por cosas como ¿Quién ganará la liga?
Sin embargo hay un porcentaje pequeño, que cuando entran ya desprenden miedo, soledad, tristeza… estas son las que me asustan. Entran por la cortina de la tienda igual que las demás, las recibo con mi vestido de estrellas, mis manos ensortijadas, y mi pañuelo tipo zíngaro (muy metida en mi papel), sin embargo cuando estas entran, mi sonrisa se congela.
No hace falta echarles las cartas para adivinarles el pasado; un pasado triste y de sufrimiento. Nunca vienen por voluntad propia, suelen venir en grupo, empujadas por las amigas, entre risas y empujones, entran, azoradas, con miedo a que descubra sus secretos más profundos, a que cuente lo que realmente veo. No puedo evitar sentir su sufrimiento en mi piel, mis ojos sin querer se inundan de lágrimas, pues muchas veces percibes que su futuro no es mucho mejor ¿Cómo decir esto?
Ante la sorpresa de las amigas rientes, solo le cojo a ella la mano y le auguro tantas bendiciones como este dispuesta a recibir, le acaricio la mano con delicadeza y ella me mira con temor, pues en ese preciso instante sabe lo que estoy viendo y se asusta terriblemente, en contestación a sus interrogantes y asustados ojos solo sonrío y asiento, para que se tranquilice y sepa que conmigo están a salvo sus secretos.
Cuando salen entre risas, me las ingenio para darle mi número y decirle que me llame, sin que nadie se percate del movimiento, pues fuera suelen estar sus parejas esperando a que las chicas terminen “sus tonterías de chicas”.
La verdad es que pocas veces consigo que me llamen, cuando salen suelen tirar el papel al suelo, sin embargo las pocas veces que llaman es lo único que consigue que siga con este trabajo, que aguante tanto dolor, que sin querer hace mella en mi alma y entristece mi psiquis.
Quedar con ellas, dejarles hablar y que vacíen su alma de porquería es duro, más duro es decirles la verdad, que el cambio pasa por ellas, que deben de sacar fuerzas de su flaqueza y salir adelante, plantar cara a todo aquello que les daña y saber que solo son merecedoras de amor; no sé si por mi papel o porque saben que es verdad lo que les digo, pero esta charla suele causar un cambio en sus vidas, pues al despedirme vuelvo a coger sus manos entre las mías y con los ojos cerrados intuyo como el futuro tormentoso y atribulado que veía se diluye dando paso a una pequeña pero esperanzadora luz.
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición.



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