martes, 29 de enero de 2013

Cuento: la gran ciudad


Era de noche y a lo lejos se oía el ruido de la  gran ciudad; un ruido extrañamente hipnótico
-¡Mama! ¿Me dejas ir a la ciudad? Pregunte ansioso, deseando de todo corazón que mama se diese cuenta de lo mayor que ya era y también que podía ir a la cuidad con mis amigos sin temor;  ya que yo sabía defenderme por mi mismo, ya había demostrado ser lo suficiente mayor para huir de peligros, recolectar y ayudar en la construcción de nuestro nuevo hogar. ¡Vamos! Que casi se podía decir que ya era un adulto.

-Ni pensarlo, la ciudad no es para vosotros, es muy peligrosa, no sabes lo que haces, muchos van y pocos regresan y los que regresan lo hacen humillados y tristes.

- ¡Soy mayor, soy mayor! ¡Tú no me entiendes!  Grite, seguro que no volvían por lo bien que estaban allí, mi madre era vieja y egoísta y lo que quería era que no me fuese para que siguiese cosechando la comida ¡era una egoísta!
Así que aquel día quede con mis amigos y esa misma noche nos iríamos a la ciudad a hacer fortuna, había escuchado que allí la comida estaba por todas partes; que no había que esforzarse para nada; el hogar te lo daban; para la comida solo tenías que alzar la mano y como por arte de magia allí estaba; hembras a montones ¡Como tenía que volver nadie de allí! 
Solo el viejo Charli, viejo y derrotado; recordaba verlo siempre recostado sobre la sombra del mejor árbol, serio, sin hablar y sin moverse, los padres de los demás lo alimentaban por lástima, ya que según decían habían sido amigos de pequeños y él era el más listo de todos; pero un día marcho con varios a la cuidad y solo él regreso, estuvo meses sin hablar, por la noche lanzaba aullidos de dolor y miedo, creían que moriría, pero al final se salvo y contaba historias terribles de la gran ciudad, que si allí te encerraban en jaulas, que si te perseguían por la calle y te daban caza… 
¡Bueno! Esta es la historia que cuentan los mayores, pero para mí simplemente fracaso y tenía miedo a reconocerlo.
Al anochecer partimos los 3 amigos ilusionados, sin dejar nada más que una nota en la cama despidiéndonos de nuestra familia.
El camino se hizo eterno, tardamos 7 días casi sin parar, al final las luces lejanas se hicieron visibles a nuestros ojos,  quedamos  sorprendidos por aquellas montañas de piedra plagadas de gente y unos cacharros horribles que pasaban sin cesar a toda velocidad; de pequeño vi uno cerca de casa y mi madre me dijo que se llamaban coches y la gente se trasladaba de un sitio a otro, pero nunca vi ninguno tan cerca. Alex se quedo anonadado mirándolo y se acerco a verlo, pese a nuestro miedo, cada vez se acercaba más y más.

-¡Mira, mira, son chulísimos! Tanto se acerco que …

De repente oímos un ruido escalofriante ¡ hiiiiiiiisshossohcachafloshoooooooo!
-¡Alex, Alex! Gritamos todos, acudiendo a su auxilio, aun sabiendo que era demasiado tarde, de repente aparecieron los humanos gritando.

-¡Has pisado a una ardilla, has pisado a una ardilla! ¡Mira, allí hay 2 más!

De repente empezaron  a perseguirnos y lanzarnos piedras
-¡Lucas corre, Lucas corre! Gritaba sin parar Chip, al tiempo que una piedra lo alcanzaba y dejaba atontado en el suelo.
Una gran mano lo cogió y exclamo

-¡Mama, mama ya tengo una ardilla para mi jaula!

Chip se quedo entre las manos de ese humano, mirándome con sus grandes ojos, llorando y gritando.

-¡Corre, corre, sálvate!

Al final pude subir en un árbol, algo desvencijado, y ya desde sus ramas más altas pude ver como  recogían a mi compañero muerto y lo tiraban a una especie de cajón gigante, Chip fue metido en una jaula y yo pase 2 días tiritando de frío sin atreverme a bajar, hasta que reuní el valor suficiente para bajar y arriesgarme a coger de nuevo el camino de vuelta a casa, mi casa, ¡como sonaba esa idea en mi cabeza!
Después de varios días de camino volví a casa, a la entrada de mi bosque estaba mama ¡mama! Que hermosa palabra. Corrí hacia sus brazos y me abrace a ella, como si mi vida fuese en ello.
-¡Mama, mama, mama, mama! Sollozaba sin parar, mientras ella me abrazaba, sin reprocharme, sin gritarme, sin, sin…
Luego vino lo peor, contar la historia a los demás, decir que sus hijos habían muerto por nuestra estupidez, por no hacer caso a los mayores, entre tanto dolor y reproche se alzo una voz, la de Charli, el viejo Charli:
-¡Dejad al chico en paz! ¡No sabéis lo que es aquello! Es un bosque de piedra, lleno de humanos enfadados, corriendo de un sitio para otro, sin un motivo aparente, gritando, peleando, cuando ven algo desconocido lo pisotean o si les gusta lo encierran en una cárcel para ir a verlo, no comprenden lo que es la libertad, los arboles allí están tristes, sin brillo, los animales encerrados, es un caos. Nuestro hogar es el mejor del mundo y no lo sabemos, nos despertamos con los primeros rayos de sol calentando nuestra piel, tenemos los mejores y más brillantes arboles, salimos de nuestro reconfortable hogar y la comida solo hay que recolectarla, cuando llega el invierno caemos en un dulce y reconfortable sueño enrrolladitos en nuestra preciosa cola, hasta que de nuevo el sol de la primavera empieza a brillar, aparecen las más preciosas flores del mundo, cantan nuestros amigos los pájaros y solo alguna vez, aparece un humano de esos por aquí. ¡Dejadlo en paz! Solo él sabrá lo que es el sufrimiento y el dolor de perder a un amigo.
Por primera vez, comprendió a aquel viejo huraño y triste y no solo lo comprendió, se sintió identificado con él y desde aquel día cada una de las mejores nueces que recogiera serían para Charli, desde aquel día aprendió a amar su mundo, a comprender las maravillas que le rodeaban y a saber el verdadero valor de la libertad. Pero desde aquel día también nunca más pudo evitar acostarse y dedicar su ultimo pensamiento a Chip, a preguntarse si estaría vivo, si  se acordaría de él, si le guardaría rencor y sobre todo a pedirle cada día perdón con su último pensamiento y dar gracias por todo aquello que tenía y no valoraba. Aprendió que todo aquel brillo, murmullo lejano que deseaba, era solo eso brillo, vacío y solo un espejismo.
Fue una gran lección no exenta de dolor


2 comentarios:

Ana E. Carreño H. dijo...

Preciosa historia, amiga, con una gran moraleja, gracias por compartirla con nosotros, besos

izha dijo...

Gracias Ana por tomarte la molestia de leer mi cuento
Un superbeso
Rosa