¿Sabes? Andrea se había preparado realmente para ese examen, estaba segura que "bordaría" las respuestas. No contaba con "quedarse en blanco" .
Cuando recibió la nota no pudo evitar romperse y lloró sin consuelo. Estaba frustrada, avergonzada, triste... y no se veía con fuerzas para fingir que "no pasaba nada" "que era fuerte" así que se dejó llevar por sus sentimientos son filtros; no solo se permitió dejar que sus lágrimas surcarán su cara; sino que no le molestó que vieran como le afectaba; dejó ver su fragilidad, sin castigarse, sin esconderse.
Y no, esto no cambió el resultado de su examen. Solo cambio su forma de auto percibirse. Por primera vez vio que este tropiezo no la definía, ni le restaba valor; no se auto etiquetó como incapaz; por primera vez fue honesta con ella misma y se dio otra oportunidad, reconoció que le dolía y de atrevió a hablar de ello.
Pidió cita con su profesor para repasar el examen y habló sin tapujos sobre sus nervios, miedos e inseguridades.
No aprobó ese examen, aunque de esa conversación aprendió que debía de practicar más a rendir bajo presión y que debía de gestionar su ansiedad.
Andrea entendió que ser FUERTE no consiste en no llorar; ser FUERTE consiste en llorar/patalear/gritar... y después volver a levantarse.
Aprendió que demostrar tu fragilidad no te hace más pequeña, ni menos fuerte.
Autora: Rosa
Francés Cardona (Izha) |
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