lunes, 13 de mayo de 2013

Tú eres una bruja buena.


El domingo pasado tuve el placer de  conocer a un amigo del Facebook, que vive en Alemania y aunque sus padres son de mi mismo pueblo nunca nos habíamos visto.
Pues bien estaba yo en la cafetería con mi marido cuando un señor con pinta de extranjero se planta delante de mí y me dice:
- ¡Hola!
Yo un poco flipada, le contesto
-¿Hola?
-Rosa, ¿verdad qué eres Rosa?
Al ver mi cara de sorpresa, él insistió
-¿Rosa, eres Rosa, no? ¿No  me conoces?  Soy Joan
Por suerte y pese a mi despiste caí en la cuenta que era un amigo del “face”, ¿pero este chico no vive en Alemania? Pensé en ese instante.
-¿Joan? ¡Ah, claro!, ¿pero no estás en Alemania?
-Si es que estoy de vacaciones y decidí visitar a la familia, pues hace más de 20 años que no les había visto.
Así que después de las presentaciones oportunas de nuestras respectivas parejas y de tomarnos un café/ cerveza, quedamos para otro día en mi tienda.
Puntual como buen alemán se presento el día acordado, le enseñe la herboristería. Realmente encantado no paraba de preguntar sobre las hierbas, dolencias y demás. Al final todo lo concluyo diciendo.
-Tú eres una bruja buena.
-¡Anda ya! Le conteste riéndome.
-Si eres una maga, sanadora, hechicera; ¡Bueno, como quieras llamarlo!
-No seas burro y no des ideas, no sea que este año me quemen en la hoguera en San Antonio (es tradicional en mi pueblo plantar una hoguera que ostenta el récord guinness por su tamaño espectacular)
Nos pusimos todos a reír por la ocurrencia, nunca lo había visto bajo ese prisma. Y pensando en el tema me di cuenta que este buen amigo tenía razón. En otra época hubiera sido considerada una bruja, aunque suene muy fuerte, es cierto; la gente que preparaba mezclas de hierbas para tratar enfermedades, era vista como una bruja, curandera, sanadora…
Lo que hoy es mi profesión (que me encanta), el tribunal de la Santa Inquisición y del Santo Oficio, me hubiese condenado por hereje y bruja.
Di gracias por no haber nacido en el Medievo y me puse a buscar cuando fue la última bruja ejecutada en nuestro país, pronto encontré que se trataba de una mujer, en concreto una adolescente llamada Magdalena Duer en el año 1611 y de procedencia catalana. Solo era una niña de menos de 14 años cuando se le  arrebato la vida. Su único delito fue dejarse embaucar con falsas promesas de riqueza.
Las supuestas brujas eran condenadas unas veces a beber líquidos hirviendo, para “limpiar su alma”, encerradas sin apenas comida ni agua, en pésimas condiciones higiénicas y torturadas con las más espantosas de las torturas imaginables y por imaginar, luego eran condenadas a muerte si habían sobrevivido y los gastos que esto conllevara eran pagados por ellas o sus familiares.
De nuevo respire hondo y di gracias por nacer en este siglo y recordé a todas estas pobres mujeres cuyo único delito fue, unas veces dejarse embaucar con falsas promesas y otras el buscar sanar a gente por medio de saberes ancestrales y de la fitoteràpia.
¡Cuántas víctimas ha generado la ignorancia!
¡Cuántas mujeres! Solo por el hecho de ser diferentes, hermosas, feas, tener alguna marca en su cuerpo, recoger hierbas para sanar, tener un gato negro, no santiguarse con la mano derecha, atreverse a contestar, pensar diferente…
¡Si hasta la famosa Juana de Arco fue condenada por bruja!
Me considero afortunada por tener la fitoteràpia como profesión. Me considero afortunada de ser mujer y sobre todo recuerdo con orgullo a todas esas mujeres que lucharon por marcar la diferencia, pese a las consecuencias.
Gracias a este amigo me detuve a reflexionar  y apreciar no solo el hecho de mi profesión; el ser mujer es el regalo más hermoso que yo tengo.
Han luchado tanto y tantas mujeres para abrirnos el camino, que no podemos menos que dar las gracias y seguir orgullosas su senda y su ejemplo.

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