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Desconozco la autoría de esta viñeta |
Cuando mis hijos terminen la carrera, seré feliz.
Cuando tengan trabajo mis hijos de lo que han estudiado,
seré feliz.
Cuando me pueda comprar el híbrido ese como el del vecino
¡verás que bien!
Ya tengo el híbrido, mis hijos han estudiado y tienen un
buen trabajo; sin embargo veo que me falta algo; ¿tal vez esa tele nueva que ha
salido con esa resolución y sonido envolventes…?
Tengo la tele, ¡a ver, si la niña me hace pronto abu, me
apetece tanto!
¿Y si vamos de vacaciones? Casi todas mis amigas han ido al
crucero ese del Mediterráneo, podríamos ir al de las islas griegas ¡verías que
puntazo!
¡Ufff, tengo todo lo que quería, incluso el viaje soñado! ¡Y…no
soy feliz! Tengo un enorme agujero en el pecho, que parece llenarse de aire y
me comprime el pecho impidiéndome respirar.
¿Qué me falta?
Estoy cansada de competir, de desear, de esperar, de estar
segura que la felicidad esta a la vuelta de la esquina o del último deseo.
No es cierto, es eternamente falso.
Quiero estudios para los niños; los tienen, pues ahora
quiero trabajo para ellos; lo consiguen pues ahora que encuentren pareja; pues
ahora deseo un viaje, lo hago; pues ahora…
Sigo esperando la felicidad en el futuro y cuando este se
hace presente no es lo que yo esperaba.
Mi felicidad imaginada, soñada, deseada… está por encima de
la prosperidad, suerte, bienestar.
Cuando consigo lo buscado, mi meta vuelve a situase en el
futuro y así en una eterna cadena insatisfecha de consumismo sin sentido.
Por supuesto que quiero lo mejor para mis seres queridos,
sin embargo tal vez mis deseos para con ellos son solo eso, mis deseos para con
ellos, ¿les he preguntado cuál es su meta?
Por supuesto que no está mal desear un viaje, un coche, un…
no obstante si es por “ser igual que…” o “más que…” deberíamos de pensar
realmente si lo necesitamos, si estamos dispuestos a pagar ese precio por ese
producto/vivencia y si vale la pena.
Sobre todo debemos de dejar de cargar a los demás con la
carga de ser responsables de nuestra felicidad; de cumplir con lo que nosotros
deseamos para con ellos. Debemos aprender a ser responsables de nosotros
mismos, de nuestros actos y palabras y con ellos aprender a ser felices.
Respira el presente sin anhelar el futuro, sin añorar el
pasado. Aceptando los vaivenes de la vida, sonriendo y abrazando nuestros
errores y aciertos.
Respira bajo la lluvia, sonríe cuando el sol caliente tu
piel, asiente cuando la brisa roce tu cuerpo…
Estos pequeños placeres al alcance de todos, pueden marcar
tu línea de felicidad, más que las ansias por poseer lo material.
Y tú ¿Qué piensas?