miércoles, 9 de julio de 2014

Testimonio de amor de 3.273 años

El día que entro en el museo del Cairo, casi muero de emoción. En aquel cuasi laberinto de salas, están todos mis sueños, todo mí amado Egipto.
¡Cuánto saber de valor incalculable encierran esos muros!
¡Al fin llego a la zona de Tut-anj-Amon más conocido como TutanKamon.
Los tesoros se agolpan por doquier, días antes estuve en su tumba y esperaba ansiosa el momento en poder estar cara a cara con él, con compartir durante unos segundos, el mismo espacio-tiempo.
Su cama, su silla, sus zapatos, sus joyas… ¡Todo tan hermoso, tan dorado, tan grande! Que cuesta imaginar que fuese solo uno de los faraones menores.
Da la casualidad que ante su presencia estoy por unos segundos, minutos, horas???? sola.
Cierro los ojos y casi en trance, lo veo con su piel morena, joven, ojos rasgados y maquillados; majestuoso delante de su pueblo; vestido de oro de pies a cabeza, reluciendo como el sol o casi más; la muchedumbre se agolpa para verlo.
De aquel joven muchacho lo que más me impacta en realidad no es su gran tesoro, es la historia de su gran amor y de su muerte.
Imagino a su joven hermana y esposa Ank_Sen-Amon “mi gran amada esposa” como él gustaba de llamarla.
Los imagino juntos, creciendo como hermanos, reyes y futuros esposos de un gran imperio, donde el matrimonio entre hermanos era algo casi obligatorio, para guardar la pureza de su descendencia divina.
Imagino el dolor que a aquella joven esposa le produjo su prematura perdida, después de tan gran amor, cosa no muy frecuente en aquella época.
La imagino caminado junto al cortejo ceremonial, con sus vestidos fúnebres, acompañando a su gran amado, muerto de forma prematura; sin hijos y sin amor; rota por el dolor y seguramente por el miedo a su futuro incierto.
La imagino caminado sin prisa entre los sacerdotes, el cortejo funerario y la momia embalsamada de su amor; caminado por el valle de los reyes llorando y recogiendo con sus propias manos un ramillete de frágiles flores silvestres, compuesto de cabezuelas de semillas, lotos y azucenas, eligiendo las más hermosas, tejiéndolas, deseando que el camino nunca termine; pues significa el fin de su amor.
Veo a Ank_sen-Amon o “mi gran amada esposa” como él gustaba de llamarla, tejiendo aquel frágil ramillete con todo su amor y colocándolo en el cuello de su bien amado esposo segundos antes de cerrar su sarcófago; donde permanecería durante 3.273 años.
Su testimonio de amor; su promesa de reencontrarse después de pesar sus almas; su promesa de eternidad, que después de 3.273 años se rompería y desencadenaría la “Maldición del Faraón”
Cuentan las leyendas que el día que Carter abrió la tumba quedo maravillado ante tanto tesoro; pero cuando abrió el sarcófago, toda la belleza y riqueza anterior quedo eclipsada por un simple ramillete de flores rodeando el cuello del faraón y según el mismo escribió:
"Aquella pequeña corona de flores, era la última ofrenda de despedida de la joven viuda a su esposo. Todo el brillo del oro palidecía ante las pobres flores marchitas, que aún conservaban la encarnación mate de sus colores originales." 
En ese mismo instante el ramo se desintegro.
En ese mismo instante empezó la maldición del Faraón
Abro los ojos y sigo ante TutanKamon, la emoción me embarga.
Durante unos segundos compartimos algo, tal vez sea solo producto del calor, sin embargo cuando regrese a casa y piense en él lo imaginare de forma diferente. 
Pues ahora conozco su cara, su alma y su gran promesa de amor eterno.



Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición.

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