sábado, 29 de diciembre de 2012

Esta navidad en la zapatería


Ayer como cada día desde los últimos 10 años, acudí a mi trabajo en la zapatería.
 En todo este tiempo aprendí a conocer  a la gente, a saber que zapato recomendar, a saber si le quedaría bien, incluso solo con mirar, llegar a adivinar el número de calzado y si quería en realidad un zapato o simplemente necesitaba un rato de charla, un hombro amigo que le escuchara y le escuchase sin juzgar; con lo que muchas veces me reía y decía que no vendía zapatos, que en verdad casi tenía una consulta psicológica.

Así pues comencé el día ilusionada, pues llegaban las últimas novedades de invierno.

El día transcurrió como casi cada día entre un goteo de gente, sin prisa, guardando los nuevos zapatos, zapatos cómodos y bonitos (al menos para mí) siempre me negué a la esclavitud del zapato de super-taconazo, que aunque yo no los venda, no los critico, es más si alguna clienta me los pide sin ningún problema se los consigo. En realidad mi “tabu” del super-taconazo creo que es desde que tengo uso de razón, siempre entre bromas digo que los tacones los invento alguien que odiaba a las mujeres, por todo lo que dañan a nuestro esqueleto; pero bueno cada cual es libre de usarlos si quiere, incluso YO en alguna ocasión he caído bajo sus deslumbradoras garras para ir a una fiesta, fiesta que al final no he disfrutado por el tremendo dolor de pies.

Hasta que cerca del mediodía entro Inés, una clienta de las difíciles y se puso a probarse zapatos, frunciendo el ceño en cada nuevo par que le enseñaba, al final, pregunto:

“¿Y el negocio, qué tal?”
“Pues bien, no me puedo quejar, para los tiempos que corren.” Conteste, de forma cordial, haciendo caso omiso de su tono ligeramente sarcástico.
“¡Ah! ¿Sí? Pues Chari, la de la otra zapatería, se está volviendo de oro, a ella sí que le va bien, desde que puso la sección de fiesta, no veas el buen ojo que ha tenido”. Continúo ella, con el mismo tono de voz.
“Pues me alegro mucho, la verdad es que la gente busca cada día más el tener zapatos para diferentes ocasiones, acordes con su vestido, cosa que antes con un par teníamos que conformarnos, ahora cambiamos de zapato, bolso y complementos, arreglo el color y estilo del vestido.” Conteste sonriendo.
“Pues sí, lo ha acertado, no como otras.” Continúo ella.
De nuevo y sonriendo le agradecí sus comentarios y la despedí, por supuesto sin haber realizado ninguna compra.

Me quede…!! mi alegría del día se desvaneció de repente, parecía que pesara 10 kg. más, no sé realmente porque, pero aquello me afecto de sobremanera.
¿Tal vez era una tonta y no sabía llevar mi negocio?
¿Tal vez estaba haciendo mal mi trabajo?

En fin, miles de preguntas y todas con respuesta negativa, se agolpaban en mi cabeza. Sé que parece una tontería pero aquellos comentarios me afectaron en sobremanera y de normal no me hubiera enfadado, pero tal vez por las fechas o tal vez porque me pillo en un día sensible, la cuestión que mellaron mi autoestima.

Así pues el día termino con el ánimo por el suelo y con unas tremendas ganas de llorar.

Al final recordé un taller que hice sobre las enseñanzas de Ho’oponopono  y simplemente decía: ‘Te perdono, lo siento y te amo, te doy gracias una y otra vez”.
Todo esto sin tener muy claro su funcionamiento, porque una cosa es la teoría y otra la realidad, pero así y todo seguí repitiendo esta frase sin parar. Según Ho’oponopono amarte a ti mismo es la mejor forma de mejorarte a ti mismo. Y mientras te mejoras a ti mismo, mejoras tu mundo.
Sin tener muy claro nada más seguí con la frase hasta el día siguiente ¡Creo que hasta la soñé!

Hoy me desperté con el humor bajo, pero seguí con la frase de camino al trabajo, cuando un cliente me saludo con un beso y una felicitación por navidad.
Al cabo de unos pasos más una señora mayor me paro: “Cariño, que ganas de verte, como te echo de menos, ahora que ya casi no puedo salir de casa,  pero ya estoy contenta de haberte podido desear  Feliz Navidad”. Todo esto vino acompañado de un efusivo beso y abrazo.
Al cabo de unos pasos, volvió a suceder algo similar, así hasta 6 personas. Todo ello alegro un poco mi maltrecho espíritu. 
Ya en el trabajo entro Tere con su hija y me dice: “hola solo vengo hoy para decirte que eres especial y desearte felices fiestas.”

Con lo que al final estoy pensando:
Que tal vez no me haga de oro
Que tal vez algún día el colegio de psicólogos me demande por quitarles clientes  ;-) 

Pero…soy feliz, me gusta mi trabajo, intento escuchar  a mis clientes y no solo venderles y encima llego a fin de mes con mis facturas pagadas, con lo cual soy una privilegiada.
Así que:
¿Por qué dejar que alguien me dañe con sus pensamientos negativos?
¿Acaso el porvenir de mi tocaya en el trabajo, no es porvenir de todos?
Acaso esta mujer este dañada y por eso su deseo es dañar.

Hoy aprendí:
No permitas que la ambición y las criticas (no constructivas) te dañen y te quiten la dicha de ser feliz; se feliz con todo lo que tienes; se feliz con todo lo que te rodea.
Así que: ‘Te perdono, lo siento y te amo, te doy gracias  una y otra vez”.

Autora: Rosa Francés Cardona

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