lunes, 24 de diciembre de 2012

El otro día soñé...22/12/12


Hoy en la cama un agradable y suave rayo de luz solar me ha despertado, bastante temprano, al entreabrir los ojos he recordado que día era hoy y no he podido evitar tocar mi rostro, brazos, piernas… y sonreír “estoy viva” pensé. 
Aunque de normal escéptica y poco dada a supersticiones, recordé que ayer era 21/12/12 el día que supuestamente terminaba el mundo y aquí estaba yo, en mi cama y vistiéndome para ir a la oficina, sin parar de sonreír y de pensar que como podía yo haber dudado ni por un momento, pero claro… la tv, las redes sociales, el boca a boca… hacía un tiempo que no se hablaba de otra cosa; que se usaba: unos para asustar, otros como tema recurrente y otros para reírse, total que ese día al acostarme aunque escéptica, no pude dejar de pensar si mañana me despertaría o no, si habría terremotos, tsunamis u otra sucesión de desastres que nos conducirían al final.  

Aún con la sonrisa en la boca emprendí mi camino hacia la oficina cuando en mitad de la acera observe a una mujer relativamente joven con pijama y descalza bailando y riendo sin cesar. Cambie disimuladamente de acera y pensé “Dios mío, todos no están encerrados, seguramente es una chalada que creía que hoy estaría muerta”. Con la mirada fija en el suelo, no me percate que ella también cambiaba de acera y venia hacia mí, así que cuando lo descubrí ya era demasiado tarde y no pude apartarme; ella vino hacia mí y grito “estamos vivos y la luz y el amor sea contigo”. Estas palabras reafirmaron mi creencia sobre el estado mental de esta mujer, así que no pude zafarme cuando se me abalanzo y me abrazo, intente apartarla, intente escapar, pero en unos segundos ese abrazo…paso a ser algo muy importante también para mí y de repente me vi a mi misma abrazando a esta loca desconocida y llorando.

¿Qué estaba sucediendo? Solo tenía ganas de gritar de contento, de abrazar a alguien para que sintiera lo mismo que yo en este momento, un sentimiento de amor, paz y concordia me invadía, sin comprender como, ni porque yo tenía ganas de bailar, de abrazar…
Pronto descubrí que no era la única que había mucha más gente igual, que de repente la calle estaba llena de gente abrazándose, besándose, riendo, dándose la mano, invitándose a comer…
Era como si en vez de una sucesión de desastres hubiese una cadena de favores; como si en vez de terremotos hubiese besos y abrazos; en vez de tsunamis hubiesen oleadas de amor.

Cuando llegue a casa y puse la tele vi que esto estaba sucediendo en todo el mundo la gente no había acudido a su trabajo, habían pasado el día compartiendo sus cosas y deseándose paz y amor.

De repente la emisión se corto y emitieron un especial:

“Informamos a todos los ciudadanos que un virus tremendamente peligroso está contagiando al planeta, se ruega a quien presente estos síntomas se encierre en casa, no hable con nadie, no abrace a nadie, pues este virus se contagia por el contacto y por medio de la saliva, quien presente estos síntomas (aparente falta deseos de trabajar, ganas de abrazar, risas sin motivo, etc; se encierre en su casa y por medio telefónico se ponga en contacto con la agencia de control de plagas; advertimos que pese a su apariencia inocua este virus es letal y muy peligroso, necesita de cuidados médicos especiales”.

No podía creer lo que oía, no podía ser nada malo todo esto que estaba experimentando, esa sensación de paz, de amor por el prójimo, esas ganas de estar con la gente y ayudarnos mutuamente, era imposible que esto fuese un virus dañino. Al final pensé que todo ello me paso desde que aquella joven me abrazo, nunca me había pasado nada semejante. 
¡Si incluso había ha visto a la huraña de Adel y me había besado y abrazado y dicho lo mucho que sentía haberse portado tan mal el otro día conmigo! Tanto pensé, que efectivamente me di cuenta que esto no era normal, tal vez si fuese un virus. Así que pensativa acudí a mi casa y me encerré en ella, con lágrimas en los ojos llame a la agencia de control de plagas y me decidí a esperar, mientras miraba la tele y veía como los ejércitos se negaban a luchar, como distintas religiones se abrazaban. ¿Cómo podía esto ser malo?

De repente el timbre me sobresalto y al abrir la puerta unos agentes vestidos con trajes blancos, asépticos como si fuesen de astronautas entraban en  mi casa y preguntaban mi nombre y si había informado de padecer el virus; apenas respondí que si, me cogieron y metieron en un camión donde había decenas de personas fundidas en un abrazo, abrazo al que yo también me fundí. El camión se puso en marcha y solo paro para recoger a más desconocidos, unos Km más de carretera en un descampado paro el camión y nos metieron en una especie de gran edificio, blanco aséptico, al tiempo que oíamos:  “ ya son menos, ¿creían que iban a romper el orden mundial, creían que podrían con nosotros? No estamos dispuestos a perder lo que tanto nos ha costado ganar, todo por 4 chiflados, que  ahora se niegan a trabajar y se creen felices”.

Sus risas me hicieron dar cuenta que en realidad no estaba enferma, que la gente que a mi alrededor se abrazaba no estaba enferma; que los enfermos eran ellos.

Atónita, descubrí que no estaba en un hospital, que estaba en realidad en una cámara de gas; pero ni siquiera este pensamiento me hizo odiarles, solo los ame más, solo sentí paz y lástima por ellos, ya que no eran capaces de darse cuenta que un nuevo mundo acababa de nacer y nosotros éramos los artífices; un mundo de paz y amor, sin odios ni temores.

De repente empezó a salir el gas, todos se fundieron en un abrazo y a un mismo tiempo casi sin saber su significado un grito salió de nuestras gargantas: “NAMASTE” y la certeza de que con solo uno de nosotros que escapase el mundo renacería de nuevo, en una nueva era de paz y amor.
Así que ahora sé, en mi último aliento, que ayer día 21/12/12, si se acabo el mundo, el mundo que yo y tú conocimos y que hoy nace uno nuevo, pese a quien pese.

Autora: Rosa Francés Cardona


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