El otro día llegué al trabajo
tranquila, después de mi paseo matutino con mi perro 🌿
Saludé
con un gran “hola” y una sonrisa a mi primer cliente. Pero él no
respondió… solo preguntó escueta y directamente por un
artículo.
Por un instante, mi sonrisa se desvaneció y
sentí cómo mi ánimo bajaba. Hasta que me detuve.
Respiré
hondo, pausado… y recordé: “cada quien da lo que lleva en su
interior. Tal vez su día no estaba siendo fácil”.
Así
que elegí volver a mi centro. Mi sonrisa regresó y continué
atendiéndole con amabilidad. Decidí no engancharme con su gris
oscuro.
Poco a poco, sentí cómo mi paz volvía a mí…y
entonces, algo cambió.
De repente él, se quebró.
Lágrimas cubrieron su rostro y empezó a contarme el momento difícil
por el que estaba atravesando. Me confesó que no se lo había dicho
a nadie, ni siquiera a su familia… pero que, sin saber por qué,
sentía la necesidad de compartirlo conmigo.
Después de
un rato, ya más calmado, me dio las gracias. Y prometió hablar con
los suyos.
Porque entendió algo importante: hay cargas que
no debemos llevar solos.
A veces, un poco de paciencia y
amabilidad pueden abrir puertas que el juicio jamás tocaría 💫
Autora: Rosa
Francés Cardona (Izha) |
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