A mi hermano le regalaron su primera escopeta de aire comprimido para su cumpleaños (era un regalo muy común en España por los años 60-70).
Nunca olvidaré su cara de felicidad, era el REGALO, si; así, en mayúsculas; ahora pasaba a ser la envidia del resto de hermanos y primos.
Así
que feliz como una perdiz recogió su regalo, se junto con los primos
y partió a su primera “gran cacería”; realmente no sé que
pensaba él que era eso de cazar; pues aunque tenía solo 7 años
parecía entenderlo muy bien (o al menos eso creímos todos).
Al
salir de casa habían una pinada llena de pequeñas aves y sus
polluelos. Así pues, no tardamos en escuchar el tiro y corrimos a ver
que había “cazado” junto al resto de primos que habían salido
con él.
La
escena no podía ser más triste. Allí estaba él arrodillado junto
a una pequeña ave, llorando sin consuelo, mientras algunos primos reían y otros miraban de hurtadillas; papa se acerco e intento
quitar “hierro” al asunto:
-“No llores por eso, solo es un
pájaro”.
La verdad es que eso lo único que consiguió fue que se rompiera aún más. Mamá que era una mujer mucho más emotiva se acerco y mientras el acariciaba la cabeza le susurro al oído:
-“Amor, llora, llora lo que necesites, no es malo llorar, no dejes de llorar nunca que lo necesites. Lo que tú sientes los demás no lo ven”.
La verdad es que mamá era un poco “bruja” y siempre parecía "vernos incluso por dentro" y saber que lo que sentíamos y pensábamos.
Aunque los primos se reían mamá parecía no escucharles y poco a poco contagio esa “sordera selectiva” a mi hermano, que dejo de llorar y paso a mirar solo con mucha pena al fruto de su “homicidio”.
Mamá
me llamo y entramos en casa, preparamos una pequeña caja hermosa con
una servilleta bordada por ella misma y nos dirigimos a su lado ,
allí en esa pequeña caja que habíamos adornado introducimos a la
pequeña ave y después de un breve y emotivo responso la enterramos.
Mientras en casa papá fruncía el ceño pues le parecía que
estábamos inculcando “demasiada sensibilidad” por llamarle de
algún modo.
recuerdo que durante muchos, muchos años fuimos a la pequeña tumba a depositar flores; durante muchos años permaneció en pie la pequeña cruz de madera que allí depositamos.
Hoy
décadas después mi hermano; el veterinario; tiene un dibujo en la
pared de su despacho de un niño enterrando a una pequeña ave, mientras una mujer le acaricia la frente y cerca de ella una niña; que estoy segura que soy yo; parece sonreír aunque realmente mira con amor hacia su hermano y muy al fondo se
puede ver un pequeño rifle roto en el suelo.
Ese día mi
hermano y yo aprendimos que endurecer nuestro corazón para encajar
en el mundo no era nuestra opción correcta, que teníamos otras
alternativas; aunque los demás no estuvieran de acuerdo. Así que
:
GRACIAS MAMÁ por abrir nuestras mentes a otras opciones,
emociones e ideas; sin presiones, sin enfados, sin menospreciar
nuestros sentimientos.
Autora: Rosa
Francés Cardona (Izha) |
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