lunes, 12 de mayo de 2014

Amla; despierta!!!!!!

Si hecho la vista atrás recuerdo perfectamente cuando empezaron los sueños, lo que no sé es que los desencadeno.
Dormía tranquilamente cuando escuche mi voz gritar:
-         ¡Despierta, despierta a Amla! ¡Amla despierta!
A la par que gritaba, veía a una joven encerrada en una urna de cristal; cual princesa de cuento; ojos cerrados, labios rojos y carnosos y extremadamente hermosa; aunque sus facciones me eran familiares.
Mientras ella yacía, a su  alrededor se sucedían todo tipo de escenas dantescas; niños golpeados, llorando; asesinatos; guerras, dolor, llanto, gritos…
Desperté sobresaltada, nerviosa y llena de sudor.
Ese fue el comienzo de una sucesión de sueños en los que la bella muchacha, permanecía ajena a todo en su urna de cristal y a su alrededor sucedían toda clase de desgracias y mi voz al fondo gritando una y otra vez:
-         ¡Despierta, despierta a Amla! ¡Amla despierta!
Periódicamente se repetía el mismo sueño y yo amanecía angustiada, cansada y con ganas de llorar, al ver tanto sufrimiento y tanto dolor; pero sobre todo me encontraba impotente y vacía.
No recuerdo cuanto empezó el chico de los recados a ser Jorge, ni cuando empecé a interesarme por su hija enferma.
Ni cuando paso el:
-¡Oye, acércame uno solo con leche!
A:
-¡Pepi, cuando puedas me acercas un café! ¿Qué tal en casa? ¿Encontró tu papa empleo? ¡Pásame un CV!
O cuando cambio el:
-¡Buenos días!
Del ascensor, forzado, cuando me cruzaba con la rara de mi vecina a:
-¡Hola! Yo soy tu vecina, si necesitas algo, solo tienes que decírmelo.
Ni recuerdo cuando empecé a hablar y hacer amigas, solo sé que poco a poco mis sueños se espaciaban y mi personalidad, antaño sería, fría y solo preocupada por mí, empezó a trasformar mi vida en una vida más tranquila, sosegada, más preocupada por los demás.
El proceso evolutivo fue lento, sin embargo una vez empezado ya no hubo vuelta atrás.
El otro día decidí coger el teléfono y hacer “la llamada”:
-¿Mama? ¡Hola, soy yo!
Al otro lado solo escuche silencio, seguido de una explosión de lágrimas.
-¡Hija, hija! ¿De verdad eres tú?
Pude entender, pese a la voz desgastada por la edad y entrecortada por las lágrimas.
¡Mi madre! La aparte de mi vida, se volvió incomoda para mí, me recordaba demasiado quien era, no podía perdonarle sus orígenes humildes, el ser madre soltera y limpiadora de escaleras; si, me había dado estudios, trabajaba 14 horas diarias, pero yo había llegado muy lejos y ella no quería cambiar, se enorgullecía de su lucha, de sus orígenes humildes, de no tener estudios y haberme sacado adelante…
Sus manos desgastadas, llenas de arrugas y manchas; su ropa usada, aunque limpia; su pelo canoso…
Todo desdecía demasiado conmigo; yo era una joven brillante, la segunda de mi promoción, con una beca de investigación, llegue a lo más, a ser subdirectora de mi empresa en muy pocos años y… Allí estaba ella:
-         ¡Cariño, no olvides quien eres! ¡Nena, no seas tan orgullosa!
Pero ¿Cómo iba a olvidarlo? ¡Si no cesaba de importunarme y de avergonzarme con su aspecto ante mis amistades.
-         ¡Mama, mama! Siento lo que te he hecho, perdóname pues…
No pude acabar la frase, me puse a llorar avergonzada, por el daño que le había hecho, hacía 10 años que la había apartado de mi lado.
Le grite, cuanto la odiaba, cuanto me avergonzaba delante de mis amistades, siempre tan, tan… sencilla, modesta…
Le dije que se olvidara de mí, que no me buscara ni me llamase y lo cumplió.
¡Cuanto daño le acuse! La abuela murió y yo ni me acerque; nunca volvió a saber de mí y ahora, en vez de colgar, se puso a llorar y a decirme que sentía ser como era, que me quería y que la perdonase, que intentaría no avergonzarme delante de mis amistades, que no la presentase como mi madre, que dijese que era la nana que me había criado… Pero que la permitiera verme.
¿Cómo podía ser así? ¿Cómo podía pedirme perdón?
¡Era yo, la que le había fallado, la que la abandono, después de una vida luchando por sacarme adelante, sin nadie más que a su propia madre a su lado, sin marido, sin estudios…!
-         ¡Mama, mama! Perdona mi comportamiento, quiero estar contigo, espero que seas tú la que algún día me perdone, no podré nunca agradecerte lo suficiente el que seas como eres. No permitas nunca más que huya de tu lado, que me olvide de quien eres, pues eres la madre más grande del mundo.
Esa noche de nuevo volví a soñar con Amla:
-         ¡Amla, Amla, despierta!
De nuevo mi voz, llamaba a la muchacha, el paisaje de dolor había desaparecido y era un hermoso jardín; un jardín lleno de flores de diversos colores, un jardín lleno de paz y luz.
De nuevo volví a llamar:
-         ¡Amla, Amla, despierta!
En ese preciso instante, la muchacha abrió los ojos y la urna se partió en un millón de diminutos cristales que al caer relucían con los colores del arco iris.
Amla se levanto; bella, etérea, hermosa y majestuosa; su piel resplandecía traspirando paz y amor.
Amla miro hacia donde salía mi voz y hacia allí se dirigió.
Cuando llego a mi lado, pude reconocer en sus rasgos, eran similares a los míos, pero cargados de belleza y serenidad.
Ella me sonrió y abrió sus brazos, como alas de amor; en ellas me cobije; no tenía miedo, solo paz.
Amla, se fundió en mi cuerpo.
Entonces comprendí.
¡Amla, era en realidad, mi alma, encerrada y ahogada por mi misma!
¡Pedía auxilio y luchaba por salir, pero yo la encerré en su urna, para no volver a oírla y seguir siendo egoísta, fría y calculadora!
Por suerte, nuestras almas, son más inteligentes que nosotras mismas y supo hacerse oír.


Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición.

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