Llega un día en que te das
cuenta de que todos estamos un poco rotos, un poco locos, un poco
heridos.
Que somos la suma de muchas batallas: algunas ganadas y
muchas perdidas.
Llega un momento en que agradeces ese curioso
olvido humano del dolor; ese dolor que el tiempo va mitigando
mientras embellece los recuerdos, haciéndonos creer que todo tiempo
pasado fue mejor.
Y, sin embargo, aunque desees un millón de
veces desaparecer de la faz de la Tierra, te aferras a la vida como
un náufrago a un madero en medio de la tormenta.
Porque, aun
entre las grietas, las cicatrices y el cansancio, siempre encuentras
una pequeña razón para seguir flotando; tal vez no sea la más
acertada, pero sí la que, en esos momentos, te mantiene a flote.
Autora: Rosa
Francés Cardona (Izha) |