jueves, 5 de febrero de 2026

El precio del éxito

 


¿Te has parado a pensar qué pasaría si dejáramos de seguir caminos seguros, impuestos, heredados?


¿Si, en lugar de eso, nos permitiéramos guiarnos por la intuición?
Tal vez el mundo sería más feliz. Tal vez habría más pintores, más músicos, más personas creando desde lo que aman. Seguramente existirían menos enfermedades psicológicas: sonreiríamos más, seríamos mejor atendidos en las consultas médicas, en los ministerios, incluso en la caja del supermercado.


Quizá no tendríamos tantas riquezas materiales, pero seríamos multimillonarios en vivencias, en sonrisas, en calma. Tendríamos más paz y, sobre todo, viviríamos en coherencia con nosotros mismos.


Una vez conocí a una joven que se puso a estudiar algo “tenía futuro”, al menos eso le decían todos, ese día conversamos mucho sobre el motivo que la llevaba a estudiar esto y no otra cosa que le llenará más y es que ella pese a su juventud tenía muy claro que quería triunfar y llevar una vida cómoda; aunque esto no salió como esperaba; años después casada, con una hija y un trabajo brillante se le podría considerar una triunfadora, sin embargo tras muchos años sin tener relación con ella me llamo para tomar un café y hablar. Ese día me sorprendió al verla llegar sin ropa de marca, sin tacones imposibles, sin aquellas mechas perfectas que tanto la definían.

Comenzó a hablar disculpándose por haber roto la relación, decía que yo seguía en mi pueblito sin muchas aspiraciones y ella era una triunfadora; a cuadros estaba yo escuchándola cuando siguió hablando; día después del trabajo y tras mucho tiempo de terapias y de insatisfacciones recordó nuestra última conversación y desde ese día mis palabras le habían acompañado como un eco persistente. Aunque aún tardo un tiempo en tomar la decisión, finalmente cambio de de rumbo y se dedicó a lo que siempre le había gustado. 

El precio de su paz interior estaba siendo alto: nadie la entendía, su familia, sus hijos...lágrimas recorrían muchas noches su rostro, miedos la acechaban; sin embargo el camino ya estaba tomado y quería compartirlo conmigo. Tiempo después la vi en su pequeña tienda de barrio atendiendo con una sonrisa tranquila, sin prisas, con una presencia que se notaba. No se había hecho rica en dinero, pero sí en algo mucho más valioso: estaba en paz. 

Su ropa no era cara, pero su presencia era real. Sus amigos ya no estaban, pero se había recuperado a si misma. Su pelo no era de peluquería, pero su mirada estaba en paz. Había perdido expectativas, riquezas, máscaras… y en ese vació por fin se había encontrado.

Autora: Rosa Francés Cardona (Izha)
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición, Coaching 3.0, Coach Solidario
Regente de la
 Herboristería Herbasana de Canals (Valencia).


martes, 3 de febrero de 2026

Morir de soledad

Sabes cuál es la enfermedad con más prevalencia mundial?

Cuál te imaginas?

Cáncer, síndrome metabólico, enfermedades respiratorias...?

No sé cuál has elegido, pero casi seguro que no lo has adivinado.

La enfermedad más mortal y más extendida en todo el mundo se llama:

SOLEDAD


Es cierto, la soledad mata a más personas en todo el mundo que cualquier otra, aunque seguramente nunca habrás visto un certificado de defunción que lo diga.

Causa de la muerte: soledad.

En los certificados suele aparecer:

Fallo multifuncional

Muerte súbita

Parada respiratoria

Etc.

La soledad nunca aparece en ningún certificado de defunción, en ninguna disposición médica, en ningún informe forense.

La soledad mata, es una asesina silenciosa que sale impune de todos sus crímenes y que cada día permanece al acecho impunemente en busca de una nueva víctima, nadie esta a salvo; en una sociedad macroconsumista, macropoblada y macroindividualizada ella se ha adueñado de las calles, de las casas, de los dormitorios...

El frío que la caracteriza esta presente cada día más en nuestros hogares repletos de comodidades y vacíos de comunicación. Los hijos se encierran en sus habitaciones acompañados por una pantalla, los padres tal vez uno en cada habitación con su programa favorito de tv, los más mayores...¿dónde están los más mayores? seguramente en una residencia para que no molesten.

Esto solo es un ejemplo, no tiene que ser así o tal vez te suene de algo.

La charla en la mesa a desaparecido, allí reina ahora la televisión, las risas al calor del fuego ahora apagado ya no resuenan, solo se escucha el tecleo de unos dedos en el teclado del Ipad.

Muchas personas viven solas, sin nadie que se preocupe de ellas; otras viven rodeadas de su familia, de una familia que poco a poco se ha ido alineando, sin percibirlo siquiera y siendo tu mism@ parte de ese alineamiento.

Sol@ en tu casa, rodeado de tus padres/hijos/pareja.

Sol@ en medio de una avenida atestada de gente.

Sol@ en el centro de un centro comercial atiborrado de gente.

Sol@ en la cama al lado de tu compañer@.

La soledad: fría, glacial, déspota y tirana, se acomoda en tu corazón sigilosamente, se adueña de él y lo entumece hasta que deja de sentir, desequilibrando los sentidos, enajenando la mente y olvidándote de amar, de sentir, de crear, de reír...

Y sin ello, poco a poco te haces camarada de la muerte, aceptando la muerte con agrado y avidez. Saliendo así impune de tu asesinato.

Autora: Rosa Francés Cardona (Izha)
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición, Coaching 3.0, Coach Solidario
Regente de la
 Herboristería Herbasana de Canals (Valencia).



viernes, 30 de enero de 2026

Sanar desde el interior

 

Ana llevaba muchos años enferma. Aun así, no era de esas personas que viven instaladas en la queja. Cada mañana, recién levantada, se regalaba un pequeño ritual: preparaba su taza de té con plena presencia.


Mientras el agua hervía, daba gracias a su cuerpo por estar ahí un día más. Al tomar la taza entre sus manos calientes, agradecía a sus manos por sostenerla, a su estómago por recibir y digerir, a su corazón por no faltar nunca y a su mente por acompañarla incluso en los días difíciles.


En realidad, no hacía nada extraordinario… pero sí algo profundamente poderoso: se había convertido en aliada de su propio cuerpo. Y el cuerpo, al sentirse escuchado, comenzó a responderle.


Con el tiempo, su salud frágil empezó a mejorar. Aun así, Ana nunca abandonó su ritual. Seguía repitiendo:
gracias, gracias, gracias,
y recordándole a su cuerpo cuánto lo amaba.



Incluso incorporó nuevas frases a su práctica:
Suelto y confío.
Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo.
Mi paz comienza en mí.


Lo hizo sin expectativas, sin exigir resultados. Hasta que un día lo comprendió con claridad:
cuando sanas por dentro, tu cuerpo aprende el camino… y camina contigo.
Sin saberlo había comenzado de forma intuitiva a practicar Ho'Oponopono.
¿Y tú, lo prácticas?

Autora: Rosa Francés Cardona (Izha)
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición, Coaching 3.0, Coach Solidario
Regente de la
 Herboristería Herbasana de Canals (Valencia).




jueves, 22 de enero de 2026

Sigo aquí

 


Abro los ojos: son las 3:33.
El ambiente de la habitación se siente pesado; mi respiración es helada. De mi nariz sale vapor, confirmando que sí, que la habitación está gélida, lo cual es extraño, pues es primavera.
La sensación es la de unos ojos clavados en mí. No me atrevo a moverme. Es más, me cubro con la sábana hasta la cabeza, cual escudo de caballero. Me parece sentir una respiración gélida, tal vez infrahumana, demasiado cerca. Por primera vez en muchos años, rezo y…
A mi lado estalla una risa cuasi metálica.


Reza, reza, si es que aún lo recuerdas… pero de poco te va a servir.


C
ierro los ojos lo más fuerte posible. Sigo cubierta con la sábana y no sé qué más hacer.
No me atrevo a mover ni un músculo, ni siquiera a parpadear. Pienso que tal vez, si no me muevo, esto desaparecerá. Pero no funciona. Ahora lo siento más cerca, casi encima de mi cuerpo. El aire se vuelve denso, no 
me deja respirar. En ese instante sé que no puedo huir.

¿Recuerdas? Aquel día hace 15 años en el río, cuando creías que te estabas ahogando… ¿Ya sabes quién soy? Ese día no parecía que me temieras tanto.


Lo siento a través de las sábanas: es frío, demasiado frío. No puedo respirar. El grito se queda atrapado en mi garganta. Siento que ya no puedo más. Entonces su mano se posa sobre mi torso…


—¡¡¡Riiing!!!

De pronto suena el despertador. El peso desaparece. Respiro con desesperación y agradezco que todo haya sido solo un sueño.
Más tarde, en el baño, mientras me visto para ir a trabajar, lo veo en el espejo: un profundo arañazo cruza mi espalda.
No fue un sueño.
Y ahora sé que eso sigue ahí.
Y me pregunto:

-¿Si rezar no funciona...?
El baño se vuelve frío de repente.
El vapor empaña el espejo y, lentamente, unas letras se dibujan en el cristal:
Sigo aquí.


Autora: Rosa Francés Cardona (Izha)
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición, Coaching 3.0, Coach Solidario
Regente de la
 Herboristería Herbasana de Canals (Valencia).


miércoles, 7 de enero de 2026

¿Por qué explotamos con quienes más amamos?

 ¿Por qué explotamos con quienes más amamos?




Porque no puedo gritar lo que pienso a mi jefe, ni hacerle una escena al cajero del súper por pasar mis productos cual coctelera a toda prisa y sin miramientos... así que… me hincho, sonrió, respiro hondo… ¡y zas! Justo cuando llegamos a casa, alguien me habla y lo que menos importa son sus palabras realmente: “¿Otra vez arroz para comer?, ¿No quedamos que hoy comprabas tu el pan?, ¿Quién saca el perro?” y ahí se desata el monstruo emocional que llevo escondiendo todo el día.

No es que quiera herirles, ¡al contrario! Es que como mi madre decía “la confianza da asco” realmente estoy con quien tengo la confianza de ser yo misma, versión sin filtro. Amor también es poder mostrar tu caos y saber que no te van a cambiar la cerradura; aunque muchas veces lo merezcamos, je, je, je.

Eso sí, después del drama viene el abrazo, la disculpa, el “perdón, fue un mal día”, y, para ser sinceros no era nada tan importante para explotar; solo llevaba demasiado tiempo sosteniendo la respiración. Es pues entonces cuando te das cuenta que explotas donde más amas. Pero no porque no ames, sino porque en esos momentos no te estás sosteniendo realmente.

Así que desde la conciencia puedes anticiparte y crear una guía de actuación interna un mapa para no explotar, para no herir, para no cerrarte, para responder, para poner límites, para abrirte con respeto.

¡y Sí! Aquí van algunos trucos emocionales (divertidos pero útiles) para no explotar con quienes más amamos:

🧠 Truco 1: El “soy una vaca”

¡Ja, ja, ja! Si, así como suena, piensa en una vaca tranquilamente en la pradera, pastando, respirando lentamente y rumiando sus pensamientos.

¿Vale la pena lanzar esa bomba emocional o solo necesitas un Kit-kat y una siesta?

🖖 Truco 2: El saludo vulcaniano

Piensa: “Amar no es gritar, es comunicar.” Y cuando sientas que vas a explotar, haz como los vulcanianos de Star Trek: levanta la mano mentalmente separando los dedos en forma de V, mantén la calma lógica y repite: "Larga vida y prosperidad." Tú puedes adaptar la frase a “Larga vida, en paz, sin gritos y en calma.”

🎬 Truco 3: esto es una película

Imagínate que realmente todo forma parte de una película. Esa frase que te molestó, ese gesto que tan desagradable, ese reproche que no merecías... todo lo ves como sentada en un cine. Esto te da la paz suficiente para decidir: ¿respondo como protagonista buena o como la villana o me pongo en modo dramático?

Truco 4: El poder del amor

Recuérdate: los demás no son mi saco de boxeo emocional. Son en realidad mi zona segura, mi refugio. Di en voz baja si hace falta: “No eres el enemigo, somos equipo.

Truco 5: Ho’Oponopono:

Utiliza las herramientas que ya conoces. Mentalmente, como un susurro, en voz alta, como quieras y puedas. Solo repite una y otra vez:
Lo siento, Gracias, Perdón, Te amo.
Limpia toda esa carga emocional que te está ahogando y suelta expectativas.
Antes de explotar:
Lo siento, Gracias, Perdón, Te amo.
Después de haber explotado:
Lo siento, Gracias, Perdón, Te amo.
No eliminarás el conflicto, pero si tu forma de percibirlo.

Autora: Rosa Francés Cardona (Izha)
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición, Coaching 3.0, Coach Solidario
Regente de la Herboristería Herbasana de Canals (Valencia).

lunes, 5 de enero de 2026

Sé roca

 

¿Sabes? Llega un momento en la vida en el que comprendemos que cualquiera puede ser


grande, porque cualquiera puede amar y servir.


Yo lo entendí un día común, al salir de una reunión en la pequeña iglesia del pueblo. Me di cuenta de que mamá, en silencio, comenzó a recoger las sillas. En realidad, siempre lo hacía, pero no fue hasta ese día que comprendí la profundidad de aquel gesto sencillo, cargado de amor y desinterés. Nadie se lo agradecía; ni siquiera el pastor la mencionó alguna vez en el sermón.


Pero ese día fue distinto para mí. A través de su sonrisa —dirigida hacia mí, mientras me miraba con ternura y paciencia tras mi pequeña rabieta al notar que solo ella se quedaba— algo se abrió en mi interior. Aún no sé explicarlo del todo, pero fue su silencio amoroso el que me llevó a entender que son esos pequeños gestos los que sostienen los espacios y a las personas que vendrán después.


Desde ese día, sin preguntarle nada, en silencio y con amor, comencé a quedarme con ella a guardar las sillas. Hice mía su lección. Y así aprendí que:
Sigue adelante, incluso cuando no tengas un cargo importante ni un título que te respalde. La verdadera grandeza no siempre se ve, pero siempre está presente.


Sé roca y refugio en medio de las tormentas, porque aunque muchas veces no lo sepas, alguien sigue en pie únicamente porque encontró en ti un lugar seguro.

Autora: Rosa Francés Cardona (Izha)
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición, Coaching 3.0, Coach Solidario
Regente de la
 Herboristería Herbasana de Canals (Valencia).


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Tita Águeda y su tesoro

 

Como cada Navidad estábamos en casa de la tita Águeda.


Siempre la recuerdo muy, muy viejecita ya, con manos arrugadas, largos dedos arropados por un anillo, preciosas gafas doradas y pendientes de perlas; siempre sentada en su sillón, con un pequeño cofre de terciopelo rojo a su lado. Era precioso, con adornos dorados que brillaban incluso con poca luz.

Para nosotros, niños al fin y al cabo, aquel cofre solo podía esconder un gran tesoro. Imaginábamos monedas de oro, joyas, riquezas increíbles.
Casi al final de su vida, una Navidad nos miró con una sonrisa traviesa y nos preguntó:
—¿Queréis que abra el tesoro?
Por supuesto dijimos que sí, tan emocionados que no podíamos contener el nerviosismo, incluso recuerdo que yo temblaba. Cuando lo abrió, la ilusión se nos cayó al suelo estrepitosamente . Dentro no había oro ni joyas. Había fotos antiguas, cartas amarillentas por el tiempo, dibujos nuestros de cuando éramos aún más pequeños...

Nos miramos mutuamente y directamente dirigimos nuestras infantiles y desconcertadas miradas hacia ella, desconcertados y le preguntamos por qué no guardaba cosas de valor.
Tita Águeda, con una paz que aún recuerdo, nos dijo que había aprendido que esas cosas con el paso del tiempo se rompen, se pierden y desaparecen. Que lo que nunca se rompe ni se pierde es el amor compartido, las lecciones vividas, los regalos hechos desde el corazón y la ayuda ofrecida a los demás.
Nos enseñó que las cosas materiales van y vienen, ellas no nos definen ni nos acompañan hasta el final. La verdadera riqueza se cultiva en la salud, la familia, el crecimiento interior y el servicio lleno de amor y entrega.
Y que la única moneda que nadie puede quitarnos es el bien que dejamos en otros: esa será huella que siga viva en el corazón de cada persona que tocamos.
Hoy, muchos años después, sigo acordándome de la tita Águeda… y de su verdadero tesoro.


Autora: Rosa Francés Cardona (Izha)
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición, Coaching 3.0, Coach Solidario
Regente de la Herboristería Herbasana de Canals (Valencia).

El precio del éxito

  ¿Te has parado a pensar qué pasaría si dejáramos de seguir caminos seguros, impuestos, heredados? ¿Si, en lugar de eso, nos permitiéramo...